Es casi un hito en la vida de los que nos hacemos llamar (o nos llaman) escépticos. Un hito que se repite hasta la náusea, una y otra vez. Te pones a discutir sobre organismos genéticamente modificados, comúnmente llamados transgénicos, con alguien que se muestra en contra. En esa discusión es cuestión de tiempo que tu interlocutor saque a colación a Monsanto, esa horrible empresa, y sus prácticas draconianas, reales o imaginadas. Algunas de ellas incluyen que obligan a los agricultores a comprar sus semillas (no lo hacen), que demandaron y desplumaron a un granjero porque cuatro semillas de maíz transgénico fueron arrastradas por el viento a su granja y germinaron (las robó, y no fueron cuatro, fueron bastantes más y no germinaron por providencia divina), o que su maíz genéticamente modificado mató a 37 millones de abejas en Ontario (que no sólo es mentira, es que el cuerpo de la noticia aclara que habrían sido los pesticidas). Si te armas de paciencia y consigues atravesar esta maraña de patrañas machete(metafórico) en mano, llegarás a la frase que realmente sentencia este asunto:
"¡Monsanto hace lo que hace porque lo único que le interesa es lucrarse!"
Pues mira, es así.
Monsanto es una empresa privada. Las empresas privadas, todas ellas, se rigen por un único principio: ganar dinero. Cuanto más mejor. Es un hecho que no voy a tratar de refutar, porque no se puede. Sí, la razón de ser de Monsanto es vender transgénicos con el objeto de engrosar las carteras de un selecto grupo de personas. ¿Qué nos dice eso de su producto? Nada en absoluto.
Vivimos en un sistema capitalista. Mientras siga siendo así, los productos que queramos adquirir provienen, en su mayor parte, de empresas privadas para las que tu bienestar es secundario. Lo primordial es que haya beneficios. Por suerte para nosotros, ahí entran los gobiernos con sus leyes, regulaciones y prohibiciones a impedir que Ikea, Citröen, Phillips, Bimbo, Chanel o la frutería debajo de tu casa nos estafen con auténtica basura. Sí, Monsanto también. Porque los transgénicos se miran con lupa, y nada indica que vayan a dar problemas.
Este debate me recuerda a otro muy similar, el de las grandes farmacéuticas. Otros monstruos terribles que sólo buscan meternos medicinas por el gaznate mientras nos despluman, sin preocuparse de si estamos enfermos en realidad o si sus fármacos nos ayudan a mejorar. Sobre aquellas cosas que sean ciertas, no me voy a meter en cuáles, vale la misma respuesta para todas: empresa privada, busca ganar dinero. Gran sorpresa.
En el caso de las grandes farmacéuticas suelo recordar que realizan inversiones mastodónticas, y que entra dentro de lo razonable que esperen recuperarlas. De ahí los precios tan altos de ciertos medicamentos. ¿Pero sabéis cómo se soluciona eso? Con investigación pública. Si todos los países empiezan a meter dinero en la investigación farmacéutica en organismos públicos, veríamos cómo el precio de los medicamentos cae en picado. Porque, ¿sabéis a quién no le importa registrar pérdidas millonarias siempre que con ello obtenga una situación más beneficiosa para la gente como tú o como yo? A los Estados. ¿O acaso tener Cuerpo de Bomberos genera algún beneficio?
Pues mira tú por dónde, en el tema de los transgénicos sí que hay fondos públicos. Toda facultad de Ciencias de la Vida que se precie tiene gente trabajando en ingeniería genética. Y algunas ya han producido especímenes de uso libre, listos para ser usados. ¿Dónde está ahí el feo empresario con ánimo de llenarse los bolsillos?
Si vas a argumentar en contra de los transgénicos, olvida el dinero, olvida a Monsanto y prueba otra vez. Y no me aburras. No soporto que me aburran.
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